La Profesión de Dios es la de Perdonar

Es costumbre entre los católicos confesar los pecados a un sacerdote y recibir de éste la absolución como un signo del perdón de Dios. Pero existe el peligro, demasiado frecuente, de que los penitentes hagan uso de ello como si fuera una especie de garantía o certificado que les vaya a librar del justo castigo divino, con lo cual confían más en la absolución del sacerdote que en la misericordia de Dios.

Un pintor italiano, Perugini, decidió que cuando estuviera a punto de morir, no recurriría a la confesión si veía que, movido por el miedo, trataba de salvar el pellejo, porque eso sería un sacrilegio y un insulto a Dios.

Su mujer que no conocía para nada la decisión del artista, le preguntó en una ocasión sin no le daba miedo morir sin confesión. Perugini le contestó: “Míralo de este modo querida, mi profesión es la pintor, y creo haber destacado como tal. La profesión de Dios consiste en perdonar; y si el es tan bueno en su profesión como lo he sido yo en la mía, no veo razón alguna para tener miedo”.

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